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La relevancia de la tecnología e innovación a la hora de definir cómo hacer negocios

Luego de los cambios experimentados el 2020, hemos visto como ha aumentado el desarrollo de emprendimientos que buscan abrirse camino en mercados cada vez más competitivos, donde la tecnología y la innovación pasaron a constituir un pilar fundamental a la hora de definir como hacemos negocios.

El Global Entrepreneurship Monitor, presentado por El Instituto del Emprendimiento de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo en el año 2019, indicó que el 58% de la población chilena no emprendedora manifestó su intención de iniciar un negocio en los próximos tres años y que un 27% de población adulta (18-64 años) se encuentra involucrada en negocios nacientes.

Actualmente, el emprendimiento no puede desentenderse de la nueva realidad, que implementa la tecnología no solamente en nuestra vida diaria, sino que también en la mayoría de las actuaciones comerciales que realizamos como individuos. Así, las herramientas digitales ya no se constituyen como una alternativa de sofisticación, sino que como una necesidad a la hora de alcanzar un posicionamiento emergente y efectivo. Así, su implementación se encuentra estrictamente ligada a la disminución de costos en términos económicos y temporales, además de la expansión de la línea de clientes locales, nacionales e incluso extranjeros.

En esta línea, podemos concluir que esta nueva realidad implica categóricamente que la comercialización de productos y servicios sea realizada también a través de plataformas digitales, pasando a ser un imperativo que se incluye dentro de los requisitos mínimos para definir un negocio exitoso.

Lo anterior, trae como consecuencia que el grado de exposición al cual nos enfrentamos como emprendedores será mayor, por lo que la protección de las bases de nuestro negocio deberá ser lo suficientemente prolija para evitar trasgresiones por parte de terceros, cumplir las exigencias legales con respecto a los consumidores, otorgar un estándar mínimo de seguridad a nuestros clientes, entre otras aristas relevantes.

En este sentido, cobra especial relevancia la protección de los activos de propiedad intelectual e industrial, debiendo ser entendida integralmente y en conjunto con otras materias relacionadas, como la protección de datos personales, e-commerce, nombres de dominio, trasferencias de la información, ciberseguridad o las normas en materia de publicidad, cuya implementación no puede verse desentendida del núcleo del negocio, definiendo cada uno de estos hitos que necesariamente se encontrarán presentes en las relaciones con clientes, proveedores, distribuidores, competidores y toda persona natural o jurídica que se vincule directa o indirectamente con el negocio.  

En nuestra experiencia,  la mayoría de los emprendimientos que se ven enfrentados a obstáculos legales desde sus inicios, se debe a la falta de implementaciones legales integrales, las cuales justamente responden a una de las primeras interrogantes que debe plantearse un emprendedor antes de dar curso a sus actividades, como por ejemplo si existe o no una lesión de derechos de terceros a partir de este nuevo emprendimiento y como resguardaré la seguridad de mi empresa o los datos personales de mis clientes, considerando también las normas de protección al consumidor, entre otros aspectos que permiten otorgar solidez y respaldo al negocio.

Así, la necesidad de conferir protección a los activos que constituyen un emprendimiento solamente encuentra sentido cuando se verifica en su globalidad, no dejando aristas al azar con el objetivo de que el posicionamiento de la empresa no se vea comprometido con posterioridad, lo que podría retardar el grado de crecimiento exponencial dentro de los primeros meses, periodo que resulta especialmente relevante para las proyecciones a futuro.